Sale el sol. Aumentan las temperaturas. Un padre de familia madrileño comprueba por última vez la reserva del hotel en Benidorm, mientras su mujer se asegura por décima vez que no falta nada en el equipaje. Casi al mismo tiempo, una pareja alemana hace algunas marcas en un mapa de carreteras de la costa valenciana: no quieren cometer ningún error y acabar perdidos por el interior.
Ese problema no lo tienen el grupo de jubilados ingleses que acaba de coger el autobus que les llevará al aeropuerto. No tienen que preocuparse de pensar. A ellos los dejarán allí y sabrán actuar por instinto. Si que se preocupan sin embargo un grupo de colegas italianos, no tanto por el terreno, mas por la resistencia que puedan encontrar. En su equipaje todo tipo de desorantes, colonias, camisas, pantalones de moda, cremas y gomina. Cualquiera que sea el tipo de mujer que encuentren en las discotecas valencianas, podrán hacerles frente.
Y ajenos a todo este trajín, un grupo de chavales se mete sin pagar en el tranvia de camino a la malvarrosa, en Valencia. No hay sitio para sentarse, se nota que son vacaciones y cada vez va mas gente a la playa. Mañana es sábado y habrá que ir mas temprano, que aunque la playa es grande a este paso no habrá sitio para poner la toalla…